domingo, 18 de agosto de 2013

The adventure is begining

Comenzaré desde el principio, cinco días atrás, para que cuando lea esto lo vuelva a sentir como en aquel momento. 

Llevaba ya tres noches sin dormir bien antes del gran viaje. La última noche, me despedí de mis amigos más íntimos e hice una pequeña cena con mis padres, y las últimas horas, las gasté en ultimar los detalles de las maletas, de manera autómata, pero con la inquietud de que se me olvidara algo. A pesar de que me tomé una valeriana para poder descansar, no paraba de dar vueltas en la cama, pero a las siete me levanté como un resorte. 

Metimos las maletas en el coche y comenzamos el viaje hacia Madrid, ninguno sin ser realmente consciente de que comenzaba algo nuevo. Era una situación extraña, porque íbamos como programados. Ya una vez allí y tras facturar, llegaron las despedidas y comenzamos a ser consciente de la partida. Muchos besos, muchos abrazos, sonrisas y lágrimas. En la cola de embarque, nos acompañaba un amigo de Claudia que vivía en Copenhague y que una vez allí nos ayudaría a encontrar la estación. 

El vuelo fue maravilloso, con vistas increíbles, aunque admito que siempre opino lo mismo al subirme a un avión. Al aterrizar, todos me parecieron muy guapos, muy altos y muy bien vestidos. Recogimos nuestras maletas y nos apresuramos a coger los billetes de tren. Si no llega a ser por el amigo de Claudia, no hubiésemos sido capaces de tomar el de las 18:10. Esperábamos expectantes la llegada del tren y llegó. Pero no se encontraba ni nuestro destino ni nuestro vagón en él. Nos explicaron y entendimos a duras penas, que éste iba a otra estación y se anclaba con nuestro vagón, acabando en nuestro destino. No sé de dónde sacamos las fuerzas para subir y bajar tantas veces las maletas. Mis maletas, que eran enormes, y pesaban cada una 20 kg más una de mano de 10kg, eran muy complicadas de mover por los vagones, ya que apenas cabían por las puertas y los pasillos eran muy estrechos, además que los asientos tenían mesas en medio. Un revisor por fin apartó nuestras maletas y pudimos hacer el trayecto de cuatro horas hasta Aarhus cómodamente. 

Al llegar, ya había anochecido y hacía una humedad fría, a la que no estábamos acostumbradas. Nos recogió Mette, nuestra tutora de VIA university, ofreciéndonos un taxi que nos llevaría a nuestra residencia, skjoldhojkollegiet. El taxi apenas recorrió 8 km y costó cerca de 70 euros. Gracias al cielo nosotras no pagábamos. Nos dieron unas indicaciones del funcionamiento de la residencia y el contrato, y yo me encontré con la soledad de mi casa. Era una sensación muy extraña, me sentía inquieta y tranquila a la vez, aunque quizás la palabra que marcó todo mi viaje fuera la de cansada. 

Cuando por fin aterricé en la cama me pareció que estaba hecha de nubes de algodón. Es algo que temía, el colchón... pero me encantó. Sinceramente, si pudiera me llevaría la habitación entera a España. Donde estoy acostumbrada a una minihabitación. Aquí tengo vestidor, baño propio, una amplia habitación, y hasta balcón. Y suelo de moqueta, que aunque dicen que es más sucio, desde luego es más confortable. 

Algo que también quiero recordar de ese día es el hambre que pasé. No pude traerme comida porque no me cabía en las maletas... y recuerdo que cuando vine ya llevaba unas 12 horas sin comer ni beber apenas. Llegué, me arriesgué a beber un poco de agua del grifo y cuando me fui a duchar vi que salía marrón. Casi me da algo, pero finalmente del fregadero salía bien. Cuando desperté por la mañana, obviamente, tenía mucha hambre, llevaba 20 horas sin comer nada. 

El día después...
Quedé con Claudia temprano para ir a comprar al supermercado de la residencia, al menos para coger algo para desayunar. Todo era muy caro, así que yo con un zumo y unas galletas para compartir me las apañé. Pero seguíamos sin tener nada para comer, así que quedamos en ir en busca de algún LIDL. Cuando llegué a casa, me encontré con dos compañeros, Lina y Magnus, francesa y danés, que también iban a coger un bus, y les pregunté que si sabían si había conexión directa con algún LIDL. Al montar en el autobús ellos me dieron indicaciones, pero a pesar de todas ellas, no encontramos el LIDL dentro del centro comercial, CityVest, y nos fuimos a FOTEX, un lugar parecido al LIDL pero donde se podían comprar infinitas cosas... entre ellas el bonobús de 10 viajes, que compramos de paso. Me gasté cerca de 40 euros y apenas me aprovisioné de cosas, pero lo intenté. 

Spaguetti con una especie de salsa aguada de tomate con atún fue mi primera comida, y también la segunda, porque me pasé de cantidad. Y por la tarde me dispuse a deshacer las maletas. Con todo lo que me costó, espero que no me hagan volver a España de nuevo. -.-"

Lina fue super simpática conmigo, vino a mi habitación y me dijo que estaba ahí para lo que necesitase. No hice gran cosa, paseaba por la casa como un fantasma porque estaban en sus dormitorios, y de vez en cuando navegaba por internet. Me sentía como febril, así que esa noche caí rendida, pero cuál fue mi sorpresa al despertar a las 6 de la mañana y pensar que serían cerca de las 10 por el sol que entraba por la ventana. Hice un poder y me volví a dormir. 

El segundo día...
Claudia y yo teníamos previsto dar una vuelta por los alrededores de la residencia, e invitamos a Lina a venir con nosotras. Nuestra sorpresa fue inmensa al descubrir un bosque enorme alrededor, con algunas casitas, campos de fútbol y animales. Y nos encontramos con unos niños de campamento indio que estaban jugando con fuego y cacerolas. Fue precioso. 

Por la tarde, le propuse a Claudia volver a buscar el Lidl, pero dándonos un paseo, y llegamos sin perdernos. Lo encontramos y nos aprovisionamos de algunos víveres (leche, chocolate). 

Pasó la tarde tranquila, y por la noche decidimos ir al bar de la residencia. Echamos un billar, y hablamos sobre la tercera guerra mundial. Y en el momento más inesperado se presentaron dos chicos extraños, que parecían más pequeños de lo que eran, pero muy extrovertidos. Leonard era de Lituana y el otro chico, que me va a perdonar porque no me acuerdo de su nombre (Nicolai), era danés. Hizo un cubo de rubik en apenas 25 segundos, quedándonos a todos perplejos e hizo un par de trucos de magia con cartas que no había visto en la vida y que me sorprendieron muchísimo. Después en la despedida nos invitaron a ir a tomar té el domingo en su casa. 

El tercer día...
Decidimos ir a visitar el centro de la ciudad de Aarhus con Linda. Ella nos enseñó todas las calles comerciales y más o menos cogimos referencias para orientarnos la próxima vez. Nos acercamos unos minutos a un parque donde se celebraba un festival de música dance, pero poco porque pensábamos volver después. Sin embargo, al regresar a casa dormimos mucho, y estábamos tan cansadas que Claudia y yo decidimos no ir al festival. Pero por la noche, al estar aburridas, quedamos para echar una partida de futbolín en su casa y luego ir a  tomar algo al bar, aunque fuera nosotras dos solas. Mientras echábamos la partida se presentó en el salón Navit, y nos invitó a ir con ellos al centro de Aarhus de fiesta. El autobús 43 era el nocturno, pero nosotros cogimos el último diurno que salía de aquí con una carrerita. 

Al llegar, me pareció que habían puesto allí un montón de bares nuevos que no estaban esa mañana. Además había un ambiente increíble, habían sacado las terrazas y había un montón de gente rodeando el canal. El primer bar al que fuimos era una "tasca" en toda regla, y había gente jugando al pin pon, un dj pinchando música hip hop y negras bailando y dándolo todo en la pista. Nos invitaron a la primera ronda así que estuvo genial. Luego fuimos a otro que creo recordar que se llamaba BarWater o algo así, donde había que pagar 20krs por entrar pero en el que había música en directo. Nuestro amigo Navit debía de ser rico porque se ofreció a pagarnos otra, aunque yo rechacé. Luego las chicas se perdieron de vista, y regresamos cuatro en el nocturno. Fue una gran noche, aunque corta, divertida. 

Y hoy...
Finalmente, esta mañana, me he levantado tarde... y justo cuando he querido salir a dar una vuelta por el bosque se ha puesto a llover. Así que he regresado y me he puesto a hacer la comida: Crema de calabacín (cream of zucchini). Que para ser la primera en mi vida me ha quedado muy rica. Hasta Lina se ha echado un poco, porque decía que le recordaba a la comida que le hacía su abuela. 

Después he recordado que habíamos quedado a las 5 para ir a tomar el té, me he duchado y hemos ido para allá. Nos estaban esperando con la merienda, un pastel de chocolate, pasas y nueces muy rico. Y té verde natural muy bueno. Hemos disfrutado de un buen rato. Yo les he enseñado un vídeo de las tierras extremeñas y hemos conversado con un danés que sabía español, y Leonard me ha pedido que le haga una paella. YO, viendo lo que cuesta aquí comprar los ingredientes sutilmente le he dicho.. "yees, someday..". Aunque la verdad que me gustaría mucho poder hacérsela. 

A ver si pronto podemos hacer una BBQ todos juntos... 

Y eso es todo hasta ahora!
See you soon!!

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