domingo, 27 de octubre de 2013

El día que me perdí en Aarhus

Señoras y señores, hoy podríamos titular el día como "El día que me perdí en Aarhus" o "La puta mierda de noche que empezó mal y acabó mal". Pero bueno, no seamos tan catastrofistas, ahora puedo decir que me siento bien y segura en mi cama, y que la historia sólo ha durado unas cuantas horas.

Para que quede bien reflejado cómo me he sentido esta noche lo contaré desde el principio, con pelos y señales, para poder releerlo un día y... quizás, reirme. Jaja ja. Sí, por qué no.

Comí en casa de Claudia unos ricos macarrones y mi segunda tortilla de patatas. Al volver a casa me tiré toda la tarde intentando aprender una estúpida canción que usa vasos y unos movimientos muy característicos y cuando me quise dar cuenta tenía que ducharme y arreglarme para ir a una fiesta que estaba bien lejos y para la que teníamos que hacer trasbordo de autobús. Al salir de casa, estaba lloviendo bastante, hacía viento y no teníamos paraguas, pero no fue muy importante porque nos íbamos refugiando en los portales. Cuando llegamos a la parada del cambio vimos que teníamos que esperar 20 minutos, pero no importaba, esperamos y punto. Tardamos otros 20 minutos en llegar a nuestro destino, donde al llegar, vimos que era una porquería de fiesta. Gente extraña, poco espacio, mala música... pero bueno, nosotros estábamos allí por Julia, que celebraba su cumple y después de hacer una travesía tan larga por Aarhus no íbamos a volvernos atrás. Intentamos animarnos, pero a la hora y media de estar allí, yo lo di por imposible, además que estaba cansada por haber salido la noche anterior... Así que dije que me iba, esperando que alguno de mis amables compañeros de piso se ofreciera sinceramente a acompañarme a la parada, pero ninguno lo hizo y yo me sentí bastante cohibida a pedírselo. 

Me fui intentando no mirarles demasiado y hice como pude el camino de vuelta, donde en la residencia sólo había cuatro farolas mal puestas y era lo mejor iluminado de aquella zona. Quiero recalcar que es de las ciudades más oscuras que he visto nunca. Además estaba todo embarrado, aunque gracias a Dios sólo chispeaba. Fui andando hasta una parada cercana y vi que por ahí pasaba la línea 13 que era la que habíamos cogido para ir, pero eran las 12 menos cuarto y pasaba a las 12 y 10 y ese era el último que pasaba. Mi móvil estaba en las últimas, aunque lo había puesto a cargar unas horas antes no sé muy bien por qué pero no se cargó... pero de todos modos pensé que no lo iba a necesitar. Mientras tanto, como no podía entretenerme con mi móvil, y estaba sola en una parada en medio de la oscuridad semiabsoluta pues me puse a cantar para pasar el rato y finalmente, el autobús llegó. 

Al pasar por un 7 eleven creí que lo había visto a la llegada y me relajé pensando que iba en la dirección correcta, pero a medida que iban pasando las paradas y todo increíblemente se iba haciendo más oscuro, mi cerebro comenzó a pensar: "Anda que si me he equivocado... este es el último autobús, ¿qué haría?...Bueno, pagaré un taxi como último recurso...pero cómo le llamo si se me acaba de apagar el móvil?...Bueno, da igual, voy en la dirección correcta". Y así hasta que llegamos a una parada en medio de la nada, se bajaron las últimas dos personas y la conductora apagó el motor, que al hacerlo pareció que apagó el mundo también, porque yo me sentí completamente perdida. Fui y le pregunté, sabiendo la respuesta, que si ese autobús iba a "Klostatower" y me dijo que no y que ella ya no iba a conducir más. Y mientras tanto yo ya estaba haciendo números de lo que tendría que pagar en la carrera del taxi. Le dije que si por favor podía ayudarme y llamar a un taxi, porque mi móvil no tenía batería y me dijo que ella no me iba a ayudar en eso porque además no se sabía el número de ningún taxi. Llegó otro conductor y le intenté explicar que necesitaba un taxi y que me había equivocado de ruta y el para colmo se burló de mi tono de desesperación. Ahí fue cuando me puse seria y dije, "¿sí? pues hala, que sea lo que tenga que ser".

Me dijeron que podían acercarme a una gasolinera que quedaba de camino de la estación, así que me senté, me callé y me bajé donde me dijo dándole las gracias. Iba a ir a la gasolinera a pedir ayuda cuando unos metros más allá vi una parada de autobús donde había gente y vi que pasaba una de las llamadas lineas azules que son autobuses "regionales", en concreto el 200, cuyo billete vale un pastón pero que suelen pasar de vez en cuando (en este caso cada dos horas hasta las 2 de la mañana). Eran las 12 y veinte por lo que ya no me daba tiempo a coger el último autobús diurno a Brabrand, pero yo lo que quería era llegar al centro, aunque allí tuviese que esperar mil horas a que llegara el nocturno. Hablé con unas chicas que me dijeron que iban cerca y que ellas me podían indicar el cambio de autobús porque el autobús no iba directamente al centro y durante el trayecto creo que ellas estaban más despistadas que yo. Finalmente llegamos cerca de donde yo quería bajarme y ellas me decían que era en la otra dirección pero eran menos la 1 menos 10, el nocturno pasaba a la 1 y yo sabía exactamente donde estaba así que les di las gracias y salí corriendo como pude y con tacones hacia klostatower y rezando por no descoyuntarme. Al llegar me sentí muy aliviada, así que ya lo último que tuve que hacer fue esperar al nocturno e ir a casa.  

La verdad es que aprendí un montón de cosas en ese viaje, puntos que siempre has de tener en cuenta:

1. Nunca confíes en que tus compañeros de piso te acompañarán, aunque sea media noche y esté todo oscuro y solitario. 

2. Revisa siempre la dirección hacia la que va el autobús, hasta que veas alguna calle conocida o tu destino entre ellas. 

3. Lleva siempre el móvil con batería.

4. Lleva siempre dinero suelto, mínimo 50 krs. en tu monedero.

5. Las líneas azules son de muchísima utilidad y en alguna ocasión te librarán de un buen apuro, aunque no suelen pasar con frecuencia. 

6. Apunta el número de un taxi, nunca sabes cuando lo vas a necesitar. 

7. Mantén la calma y disfruta de la aventura. Es lo que yo finalmente hice y al final todo me salió bien. 

A pesar de todo, me alegro de haberme ido de la fiesta a esas horas, porque si me hubiera ido más tarde no sé que hubiera sido de mí, ya que el último autobús que pasaba por allí cerca fue el que yo cogí. Estoy esperando a ver que me dicen mis compañeros, porque seguro que para ellos la vuelta también fue interesante. 

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