Ya son finales de Enero.
Tras un mes y medio en mi tierra española me vuelvo a embarcar en la aventura. Y esta vez con portátil nuevo, por lo que espero escribir más a menudo y poder subir fotos al blog y variopintas redes sociales. Ayer fue un viaje muy largo, sobre todo el último tramo y el más largo, de 4 horas, se me hizo eterno. Salí a las 2 de la tarde de mi casa.
Cuando llegué ya eran las 4 y 20 de la madrugada, no había autobuses, por lo que tuve que ir a coger un taxi. El taxista era novato y despistado como el solo, y no estaba muy por la labor de ayudarme con las maletas, aunque era majo la carrera me la cobró al mismo precio que a cualquier pasajero (ni que no supiera que yo soy emperatriz de Estersanovia) unas 206 krs. desde la estación de trenes hasta mi casa (27 euros) casi lo mismo que me había costado viajar desde Copenhague hasta Aarhus con la wildcard.
Con cuidado de no resbalarme en el suelo congelado, cogí mi bamboleante maleta como pude y los 12.5 kg de mochila a la espalda y ande hasta casa. Ya en la puerta y con un frío helador me dispuse a sacar la llave que estaba dentro de la maleta que mi padre había cerrado bajo una combinación secreta que curiosamente, ya no era la misma. Así que como pude, y con las manos heladas de frío, rojas de tanto cargar con equipaje, y maldiciendo a todos los demonios, conseguí arrancar las cremalleras de la especie de candado, abrir la maleta y entrar y subir las malditas escaleras con la destartalada maleta como pude. Vamos, casi como cuando llegué la primera vez.
Entré en mi cuarto y gracias a Dios todo estaba como lo dejé. Dentro de mi habitación, claro. Cuando entré en la cocina y fui a mirar mi estantería con mi aceite, mis platos y mis vasos, la mayoría de las cosas habían desaparecido. Y el aceite estaba a punto de acabarse cuando yo dejé antes de irme la botella casi llena. Bueno, ahí ya me puse hecha una furia, quizás por las 14 horas de viaje o quizás porque eran las 5 de la mañana, o quizás por lo que hoy a la 1 de la tarde sigo pensando: Que son unos ladrones c*****s. Claro, de lo que me despertó eso hasta las 5 y media de la madrugada no pude dormirme.. y hoy a las 9 ya me molestaba el sol por la ventana... he estado revolviendome en la cama hasta ahora... siento como si me hubieran dado un paliza. Pero quizás ya va siendo hora de levantarse y empezar a deshacer la maleta para volver a hacer otra, ya que en dos días marcho a Roma, a pasar una estupenda semana con Claudia y su prima, que es afortunada de vivir casi en tol centro de la capital.
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