Me dormí casi todo el trayecto, pero justo me desperté en el momento exacto e idóneo para ver los Andes.
(Foto hecha desde la ventanilla del avión con mi móvil) (Qué esperábais)
Llegué antes de lo esperado, y me intenté comunicar con Claudia y su prima para que lo supieran y nos viéramos antes en el punto de encuentro, pero llegué y no había nadie, llamaba y nadie contestaba, así que antes de empezar a desesperar fui a comprar unas patatas fritas y pensé que de lo malo conocía a un amigo que estaba viviendo en Roma o bien me podría ir a un hotel, pero cuando salí del supermercado de al lado de Termini allí estaban diciendo que me iban a matar. El caso que llegamos a la casa alrededor de las 2 y media, y nada más acabar de comer nos dirigimos a la plaza de San Pedro, la verdad es que aunque el cielo estaba nublado, no hacía nada de frío y me encantó pasear por allí y entrar a ver el Vaticano.
Todavía tenían el árbol de Navidad, un belén y un millón de sillas puestas que supongo que sería del Angelus de esa misma mañana.
Después fuimos a dar una vuelta por el río y los puentes de Roma, y ahí me compré mi único souvenir, un llaverito, que no podía faltar, de la ciudad. Y acabamos dando una vuelta por el centro, llegando a la Fontana di Trevi (a la que después iríamos todos los días)
Por la noche cenamos en casa de los amigos españoles de Susana, un chino muy baratito y croquetas de celíacos muy ricas, pero después de no parar pues caí rendida, aunque mi colchón no tuviera somier.
Al día siguiente Roma nos levantó con una mañana nubladita, asi que con el cansancio y con esto de que Susana tenía que hacer prácticas pues fuimos a un parque que no era turístico pero tenía unos acueductos muy grandes y bonitos por medio. Por la tarde también nos pateamos el centro de Roma y vimos más de cerca el Vitorio Emmanuel y también acabamos en el Coliseo haciendo unas fotitos muy chulas.
Al día siguiente salió muy soleado, así que decidimos ir al Coliseo. 8 euros entrada para menores de 25 que incluía Coliseo, Foro y Palatino... Muy bonito pero como nadie nos explicaba nada en 1 hora y 30 estaba visto todo.
La tarde se arrugó un poco pero salimos a dar una vuelta por el centro.
Ya a partir de ahí el Sol no volvió a salir anymore, aunque la lluvia nos dio períodos de tregua.
Creo que faltan algunos momentos en mi memoria, pero se debe al cansancio y al síndrome de Stendhal, perdonadme. El caso es que recuerdo que entre unas cosas y otras, llegó el miércoles noche y salimos de fiesta a una discoteca. Se hacía una especie de "reunión" a la salida de un metro y allí comenzamos a conocer gente. El italiano nos salía con acento gallego y hacíamos una mezcla de italospanglish, y Claudia y yo estuvimos a muy poco de tener un percance en un baño del metro que cerraba la puerta automáticamente y se autolimpiaba por dentro con chorros de agua.
Acabamos en una gran discoteca que cuenta con tres salas pero de la que sólo abrieron una de ellas porque la mayoría estaba de exámenes, aún así estábamos unos cuantos y lo dimos todo bailando. Era la fiesta de las fotos, así que había fotos colgadas de fiestas anteriores que Susana iba recopilando aunque ella no saliera. A pesar de estar las tres solas lo pasamos muy bien, y volvimos a casa tempranito, a las 4:30 como buenas niñas que somos.
Al día siguiente llegaba una de las muchas inquilinas que Susana tendría que ir recibiendo a lo largo de la semana en su piso. Nada más llegar nos fuimos al Trastevere a comer, un barrio antiguo italiano, lleno de encanto, donde comí la pizza más rica que nunca he comido y que curiosamente llevaba salchichas y patatas, puede parecer una absurdez pero si estaba rica esa, imaginaos cómo podrían estar las otras. Y una lasaña, también buena, pero que no dejaba de ser una lasaña. Luego para reposar la comida, un heladito de pétalos de rosa y otro de flores del bosque (así todo muy fisno) y coger una línea circular de autobús para darnos un paseo privado en un autobús de 6 plazas. (En realidad nos confundimos de línea pero no se estaba mal dentro del autobús)
Por la tarde acabamos en la Plaza del Popolo o algo así, pero yo ya estaba tan cansada que ni veía. Era bonita y grande, eso sí lo recuerdo. Al final cogimos un bus que nos llevó a paso de tortuga hasta casa, aunque gracias a eso pude echar unas cuantas cabezadas.
Ya el viernes llegó otra amiga de Susana, y con esto, ya éramos 6 en un piso que no contaba ni con un salón, pero aún así era lo suficientemente grande como para acogernos a todos.
Fuimos de fiesta esa misma noche y pasó algo a la vuelta que me costará olvidar. En el autobús, a uno de los amigos españoles que iba fumando, un italiano le dijo que no podía fumar y le tiró el cigarro. El español, con su buena frase de: "¿Pero qué haces, gilipollas?" y su consiguiente empujón en el hombro, se ganó a buen pulso el gancho con impulso que le soltó el italiano en toda la cabeza. Se empezaron a pegar puñetazos limpios y el italiano ni corto ni perezoso se agarró a la barra que tenía por encima de la cabeza y con todas sus fuerzas le lanzó una patada en la cara al más puro estilo Smack down o Tekken. Y ahí estaba el español, gritándole a un maromo que le sacaba dos cabezas: "Te voy a reventar maricón, cuando nos bajemos te reviento" había mucha gente de por medio y tristemente, alguna se llevo hasta un puñetazo.
En un momento de desorientación, el chico corrió a pegarse otra vez con el italiano al lado de la cabina del conductor y la gente empezó a saltar por encima de los asientos y a gritar como loca, pero a todo esto el autobús sin parar. Yo sólo era capaz de pensar que esto en Dinamarca no pasaba y que qué vergüenza ajena me estaban dando los españoles, porque allí se metía todo el mundo a repartir, y acabó pareciendo una batalla campal. Al final el autobusero paró y acabó llamando a la policía. Susana insistía en que nos bajásemos aunque ya no tenía mucho sentido porque los dos gallos se habían ido del autobús pero por lo visto, es común que en Roma haya navajazos dentro de los autobuses y no queríamos presenciarlo. Cogimos un taxi y para casita.
El domingo pasó tranquilito, volvimos al trastevere y dimos unas cuantas de vueltas por ahí después de que llegara el último huésped a casa de Susana. (Ya eramos 7) Cenamos tranquilamente con otras 4 ó 5 ó 6 personas más en el comedor improvisado (dígase habitación de un compañero ausente) hasta que ya no aguantamos más y nos fuimos a dormir para coger a las 5 de la mañana el taxi que nos llevaba al aeropuerto. 30 Euros cerrados, que no estaba mal.
Ahí acabó mi aventura en Roma. Tiré dinero español y danés a la fontana di trevi, así que espero volver algún día... casada o sin casar, me da igual! Arrivedercii Rooma <3 p="">
3>


No hay comentarios:
Publicar un comentario