miércoles, 19 de febrero de 2014

Icebreaker, Dinner & Breakfast with new classmates

Creo que se me olvidó crear algún post anunciando lo genial que se presenta este cuatrimestre. Y es que por fin se podría decir que estamos adaptadas o casi a esta pequeña gran ciudad de Dinamarca.

El primer día de clase, aún así, nos perdimos. Tuvimos que bajar y subir unas 3 veces en el mismo autobús e ir de una dirección para otra porque el campus universitario es ENORME. Creo que el de Aarhus es uno de los más grandes de Europa, está dividido en dos partes de la ciudad y os puedo asegurar que es inmenso, un pueblo entero dentro de una ciudad. La acogida fue bastante buena, aunque la del otro módulo fue mejor (ellos tenían fruta y tostadas de bienvenida) nosotros dulces, té, café, dulces, florecillas encima de la mesa y velas para dar ambiente. Aquí en Dinamarca todo es muy cuqui a la vez que simple dentro de las habitaciones, y si no tienes una vela cerca cuando vas a comerte el sandwich no eres un verdadero danés.

Este cuatrimestre seremos 10 estudiantes erasmus y 12 estudiantes daneses. Y me han sorprendido bastante los estudiantes daneses, ya que en el otro módulo cuando nos tocó trabajar juntos, no es que pareciésemos muy de su agrado... Ellos hacían la actividad porque tenían que hacerla con nosotros y punto. Quizás es porque en éste módulo están por voluntad propia. Lo malo... es que cada erasmus vive en un sitio distinto, y por lo general bastante alejado de los otros, por lo que quedar se hace más dificil, pero se intenta.

La primera semana quedamos para hacer una cena todos juntos que resultó ser una velada muy interesante. Hicimos alrededor de 10 o 12 pizzas de lo más variopintas y deliciosas. Y luego pues empezamos a conocernos algo mejor, a jugar con pelotitas, al futbolín... y a reirnos de verdad. Yo pensé que nunca llegaría a reirme de verdad con un danés... para mí ellos tienen su propio humor. Pero conocí a una danesa, Iseline, que además de estar loca perdida, es la única danesa que he conocido hasta ahora que deja la diplomacia a un lado (no mucho, lo justo) y es capaz de ser crítica con su entorno. Pasamos un buen rato, sí.




A la noche siguiente fuimos al Australian Bar, pero sólo se apuntaron las rumanitas y Kathrine. La música era bastante horrible, como siempre, y yo no me encontraba muy bien, así que me fui a casa. El sábado tampoco se dio muy bien por mi parte, pero así estaría lista para el domingo, donde nuestros amados tutores habían preparado un desayuno riquísmo para quién quisiera ir, pero claro, hacer un desayuno un domingo... cuando la mayor parte de la gente sale un sábado pues no es muy inteligente. Bien podrían haberlo hecho el lunes que no teníamos clases... pero bueno. El caso que cuando llegué, aunque me había perdido, llegué la primera, y allí estaban horneando panecillos, con una mesa superbien decorada, con un montón de fruta, mantequilla, mermelada, nutella, distintos chocolates, jamón de york, bueno ... una pasada de desayuno. Lástima que sólo acudiésemos 6 eramsus, porque María que fue quien lo organizó estaba bastante entusiasmada, pero aun así estuvimos unos 12, que fue más que suficiente :D

Aquí nuestros amigos daneses. La rubia, de la derecha, María, intentando que no se le notara la desilusión porque sólo acudiésemos 6 erasmus y la mayoría llegaran tarde. Siempre con una sonrisa. Denmark rules!


Después de eso pues he ido contactando con nuevas personas y viejos amigos aquí, y la verdad es que todo el entorno me gusta y me siento cómoda. Pero hay algunos problemillas de salud que muchas veces me hacen replantearme muchas cosas. Espero tener la fuerza suficiente como para aguantar y disfrutar hasta fin de curso... Renunciar a una erasmus sería algo que no me perdonaría jamás... Así que here we go! (Me encanta esa frase) 




Ahora entiendo todo.

Ya sé por qué por lo general los daneses son tan esbeltos y tienen tan bien moldeada la figura. Además de que están montados encima de una bicicleta la mayor parte del día, hay pocas cosas que hacer en un país donde abunda el frío, la oscuridad y la lluvia que irse a resguardar en una cueva con un montón de cintas para correr, máquinas, pesas y clases de spinning. ¡Claro, el gimnasio! ¿Cómo no van a ir? Si realmente no hay nada más que hacer... Me he apuntado al gimnasio hace una semana y media y he de decir que si sobreviven aquí en parte es por eso. Qué felicidad siente uno cuando va. A mí me ha cambiado las monótonas tardes en modo marmota que lo único que hacía era llegar de clase, comer, dormir e ir a comprar o poner la lavadora y seguir enredando en internet. Era aburridísimo. Pero es que además aquí los gimnasios son super baratos, para ellos, supongo que significará un gasto mínimo en su renta. En Cáceres estoy pagando 50€ de gimnasio todos los meses, pero es algo que estoy dispuesta porque la verdad que es lo único que me hace olvidarme de todos mis problemas y me hace sentir bien. Pero es que aquí, ¡es uno de los pasatiempos más baratos! Sólo son 36€ por mes y lo tienes todo o casi todo, y yo he de decir que no estoy yendo a uno de los más baratos, porque creo que los hay por 20€ al mes.

Yo pensé que aquí los gimnasios tendrían precios astronómicos de unos 80 o 100 euros, pero he visto que no, y es bueno saberlo. Para los próximos que vengáis a vivir una temporada a Dinamarca, os guste el deporte y/o queráis sobrevivir, apuntaos a uno y se os quitarán todos los males.

lunes, 3 de febrero de 2014

Trip to Rome

Acabamos de llegar de una semana entera pateando Roma, y ha sido increíble y genial aunque bastante cansado. Ha sido un viaje que había que aprovechar porque oportunidades así no se dan muchas veces en la vida. Gracias a mis padres y a la prima de Claudia, ha sido un viaje económico, donde he disfrutado un montón. El día antes de irme tuve que, tristemente, dar una última despedida a un buen amigo Erasmus que no volvería a ver, por lo que hacer la maleta se demoró un poco... Ya sobre la 1.30 de la mañana me fui a dormir para despertarme a las 6, coger el autobús hasta la estación y ya allí coger otro autobús hasta Billund, un aeropuerto que tiene muy buenas conexiones con otros aeropuertos lowcost de capitales europeas. De hecho, a principios de Enero cuando estuve mirando el viaje por la web, éste costaba 29 euros ida y vuelta, pero como me tiré pensando una semana si cogerlo o no, pues subió a 60. De todas maneras ya estaba decidido, así que el 26 de Enero bien tempranito, cogí mi mochila y con un frío que cortaba las manos y la sangre de la cara pues me planté en el aeropuerto ya con mi billete.

Me dormí casi todo el trayecto, pero justo me desperté en el momento exacto e idóneo para ver los Andes.

(Foto hecha desde la ventanilla del avión con mi móvil) (Qué esperábais) 

Llegué antes de lo esperado, y me intenté comunicar con Claudia y su prima para que lo supieran y nos viéramos antes en el punto de encuentro, pero llegué y no había nadie, llamaba y nadie contestaba, así que antes de empezar a desesperar fui a comprar unas patatas fritas y pensé que de lo malo conocía a un amigo que estaba viviendo en Roma o bien me podría ir a un hotel, pero cuando salí del supermercado de al lado de Termini allí estaban diciendo que me iban a matar. El caso que llegamos a la casa alrededor de las 2 y media, y nada más acabar de comer nos dirigimos a la plaza de San Pedro, la verdad es que aunque el cielo estaba nublado, no hacía nada de frío y me encantó pasear por allí y entrar a ver el Vaticano. 


Todavía tenían el árbol de Navidad, un belén y un millón de sillas puestas que supongo que sería del Angelus de esa misma mañana.


























 Después fuimos a dar una vuelta por el río y los puentes de Roma, y ahí me compré mi único souvenir, un llaverito, que no podía faltar, de la ciudad. Y acabamos dando una vuelta por el centro, llegando a la Fontana di Trevi (a la que después iríamos todos los días)

Por la noche cenamos en casa de los amigos españoles de Susana, un chino muy baratito y croquetas de celíacos muy ricas, pero después de no parar pues caí rendida, aunque mi colchón no tuviera somier. 

Al día siguiente Roma nos levantó con una mañana nubladita, asi que con el cansancio y con esto de que Susana tenía que hacer prácticas pues fuimos a un parque que no era turístico pero tenía unos acueductos muy grandes y bonitos por medio. Por la tarde también nos pateamos el centro de Roma y vimos más de cerca el Vitorio Emmanuel y también acabamos en el Coliseo haciendo unas fotitos muy chulas. 

Al día siguiente salió muy soleado, así que decidimos ir al Coliseo. 8 euros entrada para menores de 25 que incluía Coliseo, Foro y Palatino... Muy bonito pero como nadie nos explicaba nada en 1 hora y 30 estaba visto todo. 



La tarde se arrugó un poco pero salimos a dar una vuelta por el centro. 
Ya a partir de ahí el Sol no volvió a salir anymore, aunque la lluvia nos dio períodos de tregua. 

Creo que faltan algunos momentos en mi memoria, pero se debe al cansancio y al síndrome de Stendhal, perdonadme. El caso es que recuerdo que entre unas cosas y otras, llegó el miércoles noche y salimos de fiesta a una discoteca. Se hacía una especie de "reunión" a la salida de un metro y allí comenzamos a conocer gente. El italiano nos salía con acento gallego y hacíamos una mezcla de italospanglish, y Claudia y yo estuvimos a muy poco de tener un percance en un baño del metro que cerraba la puerta automáticamente y se autolimpiaba por dentro con chorros de agua. 

Acabamos en una gran discoteca que cuenta con tres salas pero de la que sólo abrieron una de ellas porque la mayoría estaba de exámenes, aún así estábamos unos cuantos y lo dimos todo bailando. Era la fiesta de las fotos, así que había fotos colgadas de fiestas anteriores que Susana iba recopilando aunque ella no saliera. A pesar de estar las tres solas lo pasamos muy bien, y volvimos a casa tempranito, a las 4:30 como buenas niñas que somos. 

Al día siguiente llegaba una de las muchas inquilinas que Susana tendría que ir recibiendo a lo largo de la semana en su piso. Nada más llegar nos fuimos al Trastevere a comer, un barrio antiguo italiano, lleno de encanto, donde comí la pizza más rica que nunca he comido y que curiosamente llevaba salchichas y patatas, puede parecer una absurdez pero si estaba rica esa, imaginaos cómo podrían estar las otras. Y una lasaña, también buena, pero que no dejaba de ser una lasaña. Luego para reposar la comida, un heladito de pétalos de rosa y otro de flores del bosque (así todo muy fisno) y coger una línea circular de autobús para darnos un paseo privado en un autobús de 6 plazas. (En realidad nos confundimos de línea pero no se estaba mal dentro del autobús)

Por la tarde acabamos en la Plaza del Popolo o algo así, pero yo ya estaba tan cansada que ni veía. Era bonita y grande, eso sí lo recuerdo. Al final cogimos un bus que nos llevó a paso de tortuga hasta casa, aunque gracias a eso pude echar unas cuantas cabezadas. 

Ya el viernes llegó otra amiga de Susana, y con esto, ya éramos 6 en un piso que no contaba ni con un salón, pero aún así era lo suficientemente grande como para acogernos a todos. 

Fuimos de fiesta esa misma noche y pasó algo a la vuelta que me costará olvidar. En el autobús, a uno de los amigos españoles que iba fumando, un italiano le dijo que no podía fumar y le tiró el cigarro. El español, con su buena frase de: "¿Pero qué haces, gilipollas?" y su consiguiente empujón en el hombro, se ganó a buen pulso el gancho con impulso que le soltó el italiano en toda la cabeza. Se empezaron a pegar puñetazos limpios y el italiano ni corto ni perezoso se agarró a la barra que tenía por encima de la cabeza y con todas sus fuerzas le lanzó una patada en la cara al más puro estilo Smack down o Tekken. Y ahí estaba el español, gritándole a un maromo que le sacaba dos cabezas: "Te voy a reventar maricón, cuando nos bajemos te reviento" había mucha gente de por medio y tristemente, alguna se llevo hasta un puñetazo. 

En un momento de desorientación, el chico corrió a pegarse otra vez con el italiano al lado de la cabina del conductor y la gente empezó a saltar por encima de los asientos y a gritar como loca, pero a todo esto el autobús sin parar. Yo sólo era capaz de pensar que esto en Dinamarca no pasaba y que qué vergüenza ajena me estaban dando los españoles, porque allí se metía todo el mundo a repartir, y acabó pareciendo una batalla campal. Al final el autobusero paró y acabó llamando a la policía. Susana insistía en que nos bajásemos aunque ya no tenía mucho sentido porque los dos gallos se habían ido del autobús pero por lo visto, es común que en Roma haya navajazos dentro de los autobuses y no queríamos presenciarlo. Cogimos un taxi y para casita. 

El domingo pasó tranquilito, volvimos al trastevere y dimos unas cuantas de vueltas por ahí después de que llegara el último huésped a casa de Susana. (Ya eramos 7) Cenamos tranquilamente con otras 4 ó 5 ó 6 personas más en el comedor improvisado (dígase habitación de un compañero ausente) hasta que ya no aguantamos más y nos fuimos a dormir para coger a las 5 de la mañana el taxi que nos llevaba al aeropuerto. 30 Euros cerrados, que no estaba mal. 

Ahí acabó mi aventura en Roma. Tiré dinero español y danés a la fontana di trevi, así que espero volver algún día... casada o sin casar, me da igual! Arrivedercii Rooma <3 p="">


viernes, 24 de enero de 2014

De vuelta en Dinamarca

Ya son finales de Enero. 
Tras un mes y medio en mi tierra española me vuelvo a embarcar en la aventura. Y esta vez con portátil nuevo, por lo que espero escribir más a menudo y poder subir fotos al blog y variopintas redes sociales. Ayer fue un viaje muy largo, sobre todo el último tramo y el más largo, de 4 horas, se me hizo eterno. Salí a las 2 de la tarde de mi casa. 

Cuando llegué ya eran las 4 y 20 de la madrugada, no había autobuses, por lo que tuve que ir a coger un taxi. El taxista era novato y despistado como el solo, y no estaba muy por la labor de ayudarme con las maletas, aunque era majo la carrera me la cobró al mismo precio que a cualquier pasajero (ni que no supiera que yo soy emperatriz de Estersanovia) unas 206 krs. desde la estación de trenes hasta mi casa (27 euros) casi lo mismo que me había costado viajar desde Copenhague hasta Aarhus con la wildcard. 

Con cuidado de no resbalarme en el suelo congelado, cogí mi bamboleante maleta como pude y los 12.5 kg de mochila a la espalda y ande hasta casa. Ya en la puerta y con un frío helador me dispuse a sacar la llave que estaba dentro de la maleta que mi padre había cerrado bajo una combinación secreta que curiosamente, ya no era la misma. Así que como pude, y con las manos heladas de frío, rojas de tanto cargar con equipaje, y maldiciendo a todos los demonios, conseguí arrancar las cremalleras de la especie de candado, abrir la maleta y entrar y subir las malditas escaleras con la destartalada maleta como pude. Vamos, casi como cuando llegué la primera vez. 

Entré en mi cuarto y gracias a Dios todo estaba como lo dejé. Dentro de mi habitación, claro. Cuando entré en la cocina y fui a mirar mi estantería con mi aceite, mis platos y mis vasos, la mayoría de las cosas habían desaparecido. Y el aceite estaba a punto de acabarse cuando yo dejé antes de irme la botella casi llena. Bueno, ahí ya me puse hecha una furia, quizás por las 14 horas de viaje o quizás porque eran las 5 de la mañana, o quizás por lo que hoy a la 1 de la tarde sigo pensando: Que son unos ladrones c*****s. Claro, de lo que me despertó eso hasta las 5 y media de la madrugada no pude dormirme.. y hoy a las 9 ya me molestaba el sol por la ventana... he estado revolviendome en la cama hasta ahora... siento como si me hubieran dado un paliza. Pero quizás ya va siendo hora de levantarse y empezar a deshacer la maleta para volver a hacer otra, ya que en dos días marcho a Roma, a pasar una estupenda semana con Claudia y su prima, que es afortunada de vivir casi en tol centro de la capital.  

martes, 31 de diciembre de 2013

Qué difícil mantener el ritmo

Vaya, caí en la dejadez y olvidé escribir en mi blog... Esto no puedo permitirlo... pero es de cierta manera... inevitable. Y es que ahora que se termina el año pues recuerdo cómo empezó... con un montón de promesas, ilusiones y metas que querías cumplir y que al final de año muchas han sido difíciles de mantener.

No me puedo quejar, termino el año habiendo cumplido uno de los grandes sueños de mi vida, haber conseguido irme de Erasmus. He terminado una primera maravillosa etapa en Aarhus... Lo que he vivido es algo mágico, diferente y algo difícil de explicar porque son demasiadas cosas para tanto tiempo (de ahí que quisiera escribir en el blog que no he sido capaz de llenar con poco más de tres o cuatro entradas). Pero todo lo llevo dentro de mí. Tengo que decir que ahora mismo creo que la Erasmus es para valientes, tanto para aquellos que sepan que lo son, como para los que no. Lo bueno, es que a tu regreso valorarás muchísimo más las cosas y a las personas que tienes en tu vida.

En mi Erasmus he ido viendo cómo he salido del círculo de mi zona de confort y he ido conformando un círculo fuera, de descubrimiento, donde cada vez las líneas entre ambos se han ido haciendo más difusas.

Todavía queda una segunda parte, que intuyo que será mucho más apasionante. Eso de que "segundas partes nunca fueron buenas" no tiene ningún tipo de fundamento. Ahora voy más preparada, más consciente y con la misma o mayor ilusión que al principio.

Durante estos cuatro meses, he conocido a gente maravillosa, he viajado a lugares únicos y he encontrado los sentimientos dentro de mí que me dan la fuerza y el valor para llegar a ser quien soy.

Todos somos duendecillos con alas y podemos ir tan lejos como queramos, así que mi recomendación para el próximo año es...
¡Volad duendecillos, VOLAD!
















HHH FALL AGOUST-DECEMBER 2013






domingo, 27 de octubre de 2013

El día que me perdí en Aarhus

Señoras y señores, hoy podríamos titular el día como "El día que me perdí en Aarhus" o "La puta mierda de noche que empezó mal y acabó mal". Pero bueno, no seamos tan catastrofistas, ahora puedo decir que me siento bien y segura en mi cama, y que la historia sólo ha durado unas cuantas horas.

Para que quede bien reflejado cómo me he sentido esta noche lo contaré desde el principio, con pelos y señales, para poder releerlo un día y... quizás, reirme. Jaja ja. Sí, por qué no.

Comí en casa de Claudia unos ricos macarrones y mi segunda tortilla de patatas. Al volver a casa me tiré toda la tarde intentando aprender una estúpida canción que usa vasos y unos movimientos muy característicos y cuando me quise dar cuenta tenía que ducharme y arreglarme para ir a una fiesta que estaba bien lejos y para la que teníamos que hacer trasbordo de autobús. Al salir de casa, estaba lloviendo bastante, hacía viento y no teníamos paraguas, pero no fue muy importante porque nos íbamos refugiando en los portales. Cuando llegamos a la parada del cambio vimos que teníamos que esperar 20 minutos, pero no importaba, esperamos y punto. Tardamos otros 20 minutos en llegar a nuestro destino, donde al llegar, vimos que era una porquería de fiesta. Gente extraña, poco espacio, mala música... pero bueno, nosotros estábamos allí por Julia, que celebraba su cumple y después de hacer una travesía tan larga por Aarhus no íbamos a volvernos atrás. Intentamos animarnos, pero a la hora y media de estar allí, yo lo di por imposible, además que estaba cansada por haber salido la noche anterior... Así que dije que me iba, esperando que alguno de mis amables compañeros de piso se ofreciera sinceramente a acompañarme a la parada, pero ninguno lo hizo y yo me sentí bastante cohibida a pedírselo. 

Me fui intentando no mirarles demasiado y hice como pude el camino de vuelta, donde en la residencia sólo había cuatro farolas mal puestas y era lo mejor iluminado de aquella zona. Quiero recalcar que es de las ciudades más oscuras que he visto nunca. Además estaba todo embarrado, aunque gracias a Dios sólo chispeaba. Fui andando hasta una parada cercana y vi que por ahí pasaba la línea 13 que era la que habíamos cogido para ir, pero eran las 12 menos cuarto y pasaba a las 12 y 10 y ese era el último que pasaba. Mi móvil estaba en las últimas, aunque lo había puesto a cargar unas horas antes no sé muy bien por qué pero no se cargó... pero de todos modos pensé que no lo iba a necesitar. Mientras tanto, como no podía entretenerme con mi móvil, y estaba sola en una parada en medio de la oscuridad semiabsoluta pues me puse a cantar para pasar el rato y finalmente, el autobús llegó. 

Al pasar por un 7 eleven creí que lo había visto a la llegada y me relajé pensando que iba en la dirección correcta, pero a medida que iban pasando las paradas y todo increíblemente se iba haciendo más oscuro, mi cerebro comenzó a pensar: "Anda que si me he equivocado... este es el último autobús, ¿qué haría?...Bueno, pagaré un taxi como último recurso...pero cómo le llamo si se me acaba de apagar el móvil?...Bueno, da igual, voy en la dirección correcta". Y así hasta que llegamos a una parada en medio de la nada, se bajaron las últimas dos personas y la conductora apagó el motor, que al hacerlo pareció que apagó el mundo también, porque yo me sentí completamente perdida. Fui y le pregunté, sabiendo la respuesta, que si ese autobús iba a "Klostatower" y me dijo que no y que ella ya no iba a conducir más. Y mientras tanto yo ya estaba haciendo números de lo que tendría que pagar en la carrera del taxi. Le dije que si por favor podía ayudarme y llamar a un taxi, porque mi móvil no tenía batería y me dijo que ella no me iba a ayudar en eso porque además no se sabía el número de ningún taxi. Llegó otro conductor y le intenté explicar que necesitaba un taxi y que me había equivocado de ruta y el para colmo se burló de mi tono de desesperación. Ahí fue cuando me puse seria y dije, "¿sí? pues hala, que sea lo que tenga que ser".

Me dijeron que podían acercarme a una gasolinera que quedaba de camino de la estación, así que me senté, me callé y me bajé donde me dijo dándole las gracias. Iba a ir a la gasolinera a pedir ayuda cuando unos metros más allá vi una parada de autobús donde había gente y vi que pasaba una de las llamadas lineas azules que son autobuses "regionales", en concreto el 200, cuyo billete vale un pastón pero que suelen pasar de vez en cuando (en este caso cada dos horas hasta las 2 de la mañana). Eran las 12 y veinte por lo que ya no me daba tiempo a coger el último autobús diurno a Brabrand, pero yo lo que quería era llegar al centro, aunque allí tuviese que esperar mil horas a que llegara el nocturno. Hablé con unas chicas que me dijeron que iban cerca y que ellas me podían indicar el cambio de autobús porque el autobús no iba directamente al centro y durante el trayecto creo que ellas estaban más despistadas que yo. Finalmente llegamos cerca de donde yo quería bajarme y ellas me decían que era en la otra dirección pero eran menos la 1 menos 10, el nocturno pasaba a la 1 y yo sabía exactamente donde estaba así que les di las gracias y salí corriendo como pude y con tacones hacia klostatower y rezando por no descoyuntarme. Al llegar me sentí muy aliviada, así que ya lo último que tuve que hacer fue esperar al nocturno e ir a casa.  

La verdad es que aprendí un montón de cosas en ese viaje, puntos que siempre has de tener en cuenta:

1. Nunca confíes en que tus compañeros de piso te acompañarán, aunque sea media noche y esté todo oscuro y solitario. 

2. Revisa siempre la dirección hacia la que va el autobús, hasta que veas alguna calle conocida o tu destino entre ellas. 

3. Lleva siempre el móvil con batería.

4. Lleva siempre dinero suelto, mínimo 50 krs. en tu monedero.

5. Las líneas azules son de muchísima utilidad y en alguna ocasión te librarán de un buen apuro, aunque no suelen pasar con frecuencia. 

6. Apunta el número de un taxi, nunca sabes cuando lo vas a necesitar. 

7. Mantén la calma y disfruta de la aventura. Es lo que yo finalmente hice y al final todo me salió bien. 

A pesar de todo, me alegro de haberme ido de la fiesta a esas horas, porque si me hubiera ido más tarde no sé que hubiera sido de mí, ya que el último autobús que pasaba por allí cerca fue el que yo cogí. Estoy esperando a ver que me dicen mis compañeros, porque seguro que para ellos la vuelta también fue interesante. 

martes, 15 de octubre de 2013

Las prácticas con niños

A pesar de que estoy estudiando una carrera de educación social en España, aquí estoy haciendo un módulo para erasmus de pedagogía, el cual incluía (sin yo saberlo) prácticas en algún lugar. A mí me ha tocado trabajar con niños de 0 a 3 años... Y la verdad es que  cuando me lo dijeron me dio mucho miedo porque nunca había trabajado con niños y menos en otro idioma. El caso es que durante cuatro semanas, 30 horas a la semana, tenemos que estar de investigadores participativos en estas prácticas, coger los aspectos pedagógicos que más nos hayan llamado la atención, ver los tintes culturales, y preparar algún juego para ellos.

El primer día fue interesante, por que ves muchas cosas nuevas, conectas con los niños y tienes mucha curiosidad e ilusión. Con los días ves cosas sorprendentes, como que por ejemplo, todos los niños tienen la misma comida, tengan 6 meses o 2 años. Todos beben en vasos de plástico, nada de biberones o vasos especiales. Pueden subirse a cualquier sitio, chupar cualquier cosa e ir a cualquier lugar. Van al baño prácticamente sólos desde que tienen menos de un año, ellos mismos se desvisten, van y se vuelven a vestir. Y lo más curioso de todo es que duermen en cunas fuera de las clases, es decir, o en la calle directamente, o en una habitación en la que corre bastante frío. Ellos mismos se suben a las cunas, porque según mi tutora, es malo para la espalda.  

A mí particularmente me gusta la pedagogía... pero prefiero la vertiente que además de estudiar lo que hacen los niños, los involucra en el aprendizaje y la educación. Esta claro que ellos aprenden interaccionando, pero me gustaría por decirlo de alguna manera, experimentar con sus reacciones ante juegos, cosas... no sé, no sólo mirarles, cuidarles y cantarles, por eso hubiera preferido que hubieran sido más mayores... Ahora es bastante aburrido estar en las prácticas... son demasiadas horas para tan poca actividad.

Pero en ello estamos... a ver cuál es la conclusión final. :)